Profesionales de la política - El Universo

24 de agosto, 2021 - 00h03
Los grupos sociales, cada vez más numerosos con ideas y filosofías tan variadas como contradictorias, para su difusión eternamente han requerido por medio del liderazgo político el poder del Estado, ya sea por medio de la razón o del uso de su fuerza monopólica, intentando obtenerla para lograr sus fines.
Muy acertadamente señalaba el sociólogo Max Weber (La política como vocación. 1919), la diferencia entre aquel que vive ‘de’ la política como profesión, que trata de hacer de ella una fuente duradera de ingresos, y del que vive ‘para’ la política, quien no se halla en este caso.
Esto significa que algunos pueden dedicarse a la política siguiendo una vocación, mientras otros lo hacen como profesión: algunos lo hacen viviendo para ella y otros viviendo de ella.
En el primer caso, al vivir para ella, se da un sentido a la vida al dedicarla al servicio de algo elevado; en el segundo caso, quien vive de la política se coloca en un nivel más bajo, más burdo –en un nivel económico–, pues depende de ella para vivir.
Durante el juicio político al contralor general de la Nación, se escucharon las acusaciones que documentadamente aseveraban poseer el presidente de la Comisión de Fiscalización y el interpelado contralor, que establecen responsabilidades penales en el manejo de fondos público a 31 políticos profesionales de la bancada interpelante, y la existencia de 1.100 informes de Contraloría estableciendo iguales responsabilidades en poder de la Fiscalía General del Estado, muchos de ellos contra otros políticos profesionales de diversos municipios de la pasada década.
Al buscar entre los legisladores, cual Diógenes con linterna, felizmente podrá encontrar usted varios que viven ‘para’ la política, así como también a muchos otros que viven ‘de’ la política, que lamentablemente son la mayoría.
Igual búsqueda hace diariamente la ciudadanía en los medios respecto a los otros profesionales de la política que abundan en los noticiarios, con base en sus inocultables lucrativos resultados obtenidos durante su ejercicio en el poder.
El Ecuador no tiene el patrimonio de la corrupción, pero bien merecen la medalla de oro al respecto quienes ejercieron el poder durante la década sombría. Su generalización actual es solo consecuencia de ello, a tal punto, que una de las asambleístas, política profesional, cínicamente dicta cátedra públicamente aconsejando robar, pero que no se dejen sorprender robando. Y sus colegas, sin sancionarla, esperando que inicie a impartirla desde su curul.
La renovación del cuerpo legislativo es una obligación. No solo constituye un imperativo político para el régimen, sino una emergencia sanitaria moral del país más grave que el COVID-19, que únicamente el presidente, como su médico de cabecera, es llamado a atender.
Se trata de un paciente contagioso e incurable, en estado terminal, al que, exigido por la ciudadanía, la única medicina posible de prescribirle es la muerte cruzada.
El Código de Ética, medicina temporal que ha expedido, no surtirá ningún efecto en este apestado enfermo. Pierde el tiempo. (O)
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