Primero de diciembre, AMLO “a mitad del camino” | Alina Duarte - Rosa Luxemburg Stiftung

Texto y fotos de: Alina Duarte, periodista independiente.

El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) entregó su tercer informe de gobierno el pasado 1 de diciembre de 2021 en la principal plaza del país, el zócalo de la Ciudad de México. Un evento que marcó la mitad de su mandato y estuvo enfocado en reafirmar la cercanía con sus simpatizantes y en enviar un mensaje de estabilidad, tanto a sus opositores como a los intereses empresariales dentro y fuera del país.
 
El respaldo popular hacia el presidente fue amplio: las encuestas le otorgan más de 60% de aceptación y el evento logró una movilización masiva, calculada en 250 mil personas, provenientes de todo el país, que llenaron el zócalo capitalino y calles aledañas.
 
La inicial y principal apuesta discursiva de Obrador durante el informe fue el avance de los programas sociales: “Es una dicha enorme poder decir que casi todas las comunidades de México cuentan con una ayuda, con un apoyo, para mitigar la pobreza y mantener viva la esperanza en el porvenir. Ya estamos cumpliendo con aumentar la pensión a 9 millones de adultos mayores de 65 años del país. Aumentaremos la pensión para niñas y niños con discapacidad y estamos acordando con los gobiernos estatales extenderla a todas las edades: hacerla universal. A partir de enero del año próximo aumentará el monto de las becas a estudiantes de familias pobres, de preescolar hasta nivel superior, de modo que cuando menos en los últimos tres años se les incorporará el porcentaje de la inflación. Estas becas benefician a 11 millones de estudiantes de escasos recursos económicos y se invierten en ellas –porque no es un gasto, es una inversión– 75 mil millones de pesos anuales; es un programa sin precedente en México”.
 
Por otra parte, en semanas pasadas, López Obrador anunció una reforma eléctrica que pone sobre la mesa la regulación del Estado mexicano tanto de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) como del litio. Lo que, para varios y varias analistas ante las dimensiones que podría cobrar, podría llegar a compararse con la expropiación petrolera encabezada por Lázaro Cárdenas.
 
Esta reforma, como en otras ocasiones, fue defendida por López Obrador, asegurando que con ella se recuperará “el equilibrio perdido con la política energética neoliberal que, contraria al interés público y de manera perversa, buscaba arruinar a la industria eléctrica nacional y dejar el mercado en manos de empresas privadas, principalmente extranjeras. También en esa iniciativa, va la resolución de que el litio sea propiedad de la nación”.
 
En cuanto a salud −una de las principales banderas de sus detractores, que aseguran que la administración obradorista pudo desempeñarse mejor durante la pandemia o que no existen medicinas para menores de edad con cáncer− López Obrador habló de la corrupción en el sector: “llegó al extremo de que antes un pequeño grupo de proveedores de medicinas, entre los que se encontraban políticos del viejo régimen, vendían medicinas no solo a precios exagerados, sino incluso adulteradas o de bajísima calidad”. Enfatizó que su administración buscará lograr lo prometido: médicos, medicamentos, buenas instalaciones y basificación a los trabajadores del sector.
 
Con respecto a educación, el presidente hizo hincapié en la necesidad, y el esfuerzo, de avanzar en el regreso a la educación presencial, pues de esta forma, dijo, se puede profundizar en el aprendizaje y socialización de las y los miles de estudiantes. Al mismo tiempo, reconoció la cancelación de la "mal llamada reforma educativa", que trató de "imponer" un acuerdo sin el "respaldo de maestras y maestros". Y aunque no habló de los conflictos latentes con el magisterio democrático, como lo ocurrido hace algunas semanas en Chiapas, señaló que con la cancelación de esta reforma, pudo avanzarse en el diálogo y evitar conflictos con el magisterio.
 
López Obrador lanzó varias consignas que ha venido impulsando antes y durante su administración: no al maíz transgénico, al fracking, concesiones mineras, no se sobre explotarán mantos acuíferos ni se permitirá tala de selvas, bosques, instalación de basureros de desechos tóxicos, y “no se permitirán violaciones a la norma de calidad del aire ni cualquier actividad que dañe la salud, destruya el territorio o afecte el medio ambiente”, esta última, cuestionada por muchos ambientalistas cuando se trata del debate del Tren Maya, el desarrollo del istmo de Tehuantepec u otros megaproyectos que también, durante su discurso, defendió.
 
Y es que las obras que ha impulsado la administración obradorista también se han vuelto símbolo de su gestión, no solo el tren maya y el tren del Istmo, también la construcción de refinerías, aeropuertos y modernización de otros tantos.
 
En un discurso de más de hora y media, López Obrador recordó a los asistentes que en Washington, durante la cumbre trilateral sostenida con el mandatario canadiense Justin Trudeau y el mandatario estadounidense, Joe Biden, propuso un plan de inversión en América del Norte para la sustitución de importaciones, apoyo a países centroamericanos para reducir el fenómeno migratorio y respaldar la iniciativa del presidente Biden que busca regularizar a 11 millones de migrantes indocumentados, una reforma migratoria que ha desilusionado, aun sin ser aprobada, a migrantes y expertos en Estados Unidos.

En un tono optimista, el presidente mexicano insistió en que pronto vendrá la recuperación económica devastada a nivel mundial por la pandemia, que incluirá desarrollo del sector industrial y recuperación de empleos.
Sin embargo, un momento de gran respaldo popular, fue cuando entre aplausos y gritos, López Obrador enunció:

“La pandemia, con el apoyo de todas y todos los mexicanos… porque se gobierna con el pueblo, esa es la democracia: gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo, ¿qué sería de nuestro gobierno sin el respaldo del pueblo? ¡que viva el pueblo de México!… La pandemia no desembocó en una crisis de consumo gracias –como ya lo expresé– a las remesas y a los apoyos de los programas de bienestar que llegan y se aplican de abajo hacia arriba –no como antes, que primero eran los de arriba, porque decían que si llovía fuerte arriba, goteaba abajo… como si la riqueza fuera permeable o contagiosa, ¡que se vayan al carajo con ese cuento!– así se pudo evitar la falta de alimentos y otros bienes de primera necesidad”

Sobre seguridad, destacó el deseo de seguir yendo a las raíces de la violencia y la inseguridad, como la pobreza, la desintegración social o la corrupción. Por esta razón, dijo, una de las medidas de su administración es atender a los jóvenes a través de programas de bienestar que les otorguen trabajo y estudio.

En cuanto a militarización, si bien el despliegue y crecimiento de las fuerzas armadas durante la actual administración ha sido uno de los principales debates de la misma, Obrador aseguró que: “Las acusaciones de que estamos militarizando al país carecen de toda lógica y de la más elemental buena fe. No se ha ordenado a las Fuerzas Armadas que hagan la guerra a nadie. No se les ha pedido que vigilen u opriman a la sociedad, que violen las leyes, que coarten las libertades y, mucho menos, que se involucren en acciones represivas. El vasto esfuerzo para construir la paz se ha llevado a cabo sin violaciones a los derechos humanos, sin el involucramiento de las fuerzas federales en masacres, sin cometer torturas, sin desapariciones forzadas y ejecuciones extrajudiciales como ocurría antes. Ya no aplica el ‘mátalos en caliente’.”

Con su tradicional “amigas y amigos”, el mandatario perfiló el final de su informe de gobierno indicando que “lo más importante es que ya sentamos las bases para la transformación del país, entre todos”:
    “En tres años ha cambiado como nunca la mentalidad del pueblo, que eso es lo más importante de todo: la revolución de las conciencias, el cambio de mentalidad, eso es lo más cercano a lo esencial, a lo mero principal y eso es lo más cercano a lo irreversible. Pueden darle marcha atrás a lo material, pero no van a poder cambiar la conciencia que ha tomado el pueblo de México: hoy se respeta la Constitución; hay legalidad y democracia; se garantizan las libertades y el derecho a disentir; hay transparencia plena y derecho a la información; no se censura a nadie; desde el poder federal no se organizan fraudes electorales como era antes; el gobierno ya no representa a una minoría sino a todos los mexicanos de todas las clases, culturas y creencias; se gobierna con austeridad y con autoridad moral, no se tolera la corrupción ni se permite la impunidad; en la práctica, no hay fueros ni privilegios; se atiende a todos, se respeta a todos, pero se le da preferencia a los pobres −¡por el bien de todos, primero los pobres­!−; se protege la naturaleza; se auspicia la igualdad de género; se repudia la discriminación, el racismo y el clasismo; se fortalecen valores morales, culturales y espirituales; se cuida y se promueve el patrimonio cultural e histórico de México.
   […]
   "Nada se logra −y esto aplica en México y en todo el mundo− con las medias tintas. Los publicistas del periodo neoliberal –que ya se fue, se está terminando esa pesadilla– los publicistas del periodo neoliberal, además de la risa fingida, el peinado engominado y la falsedad en la imagen, siempre recomiendan a los candidatos y gobernantes correrse al centro; es decir, quedar bien con todos. Pues no, eso es un error: el noble oficio de la política exige autenticidad y definiciones. Ser de izquierda es anclarnos en nuestros ideales y principios, no desdibujarnos, no zigzaguear. Si somos auténticos, si hablamos con la verdad y nos pronunciamos por los pobres y por la justicia, mantendremos identidad y ello puede significar simpatía, no solo de los de abajo, sino también de la gente lúcida y humana de clase media y alta, y con eso basta para enfrentar a las fuerzas conservadoras, a los reaccionarios”.

Con un llamado a sostener el referéndum revocatorio, que se realizaría en 2022 si firman para solicitarlo el equivalente al 3% del padrón electoral, López Obrador culminó su evento asegurando que durante tres años se ha demostrado ser una gran nación libre y soberana, respetada, democrática, fraterna, entre otros adjetivos, asegurando además que lo que hoy ocurre en el país es un proceso representado por quienes se encontraban en el zócalo capitalino: “mujeres y hombres libres y conscientes, protagonistas de la cuarta transformación en México”.

“Las y los protagonistas de la cuarta transformación”.

Decenas de miles se dieron cita en el zócalo capitalino para el tercer informe: algunos, algunas, desde otros estados; otros y otras, de distintas alcaldías. Llegaron en metro, camiones, o vehículos que desde temprana hora complicaron o bloquearon el paso de vialidades principales en las inmediaciones del centro. Días antes, las convocatorias para “respaldar al presidente” López Obrador inundaron las redes. Llamaban a asistir al zócalo capitalino, al Palacio de Bellas Artes, a la Cámara de Diputados o las plazas principales de las alcaldías. Y así ocurrió.

Llegaron a mares cargando banderas de Morena, fotografías y “peluches” del presidente. Iban incluso en familia o con sus vecinos, y desfilaron empuñando desde bastones hasta carriolas. El pésimo sonido no llegó hasta las orillas de la plaza capitalina, las personas interesadas se recorrían hacia el centro y quienes no tenían en sus planes escuchar al mandatario se abocaron a algún “tentempié”, a elegir entre elotes, tlayudas, limonadas, sangrías y un basto menú.

En común, las miles de personas presentes, tenían simpatía por el presidente, algunas o algunos más organizados, otras y otros, desde el respaldo acrítico. Si bien, los contingentes lucían orgánicos, también los hubo “uniformados”, ya fuera con gorras del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), o con cubrebocas o gorras con el nombre de alcaldes o diputados, que también estuvieron presentes.

La movilización masiva que logró López Obrador en este tercer informe está lejos de conformar un movimiento amplio, organizado y con una formación política que dé paso a un proyecto que no permita ser echado para atrás por las oligarquías y los poderes fácticos en este país −algunos de ellos “aliados” de la cuarta transformación−. Si hay que tomarle la palabra al presidente López Obrador en este nuevo capítulo, es que apenas se han sentado las bases para una transformación, todavía lejana, y que solo con movilización, organización y formación habrá de lograrse. Sólo así, no se quedará a mitad del camino.
 
 
 
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