Política, Navidad y futuro - Milenio

Leo que ésta es una época, quizá, más política que otras. La contradicción reina. Nuestra relación con el tiempo se torna confusa y no hay política sin su consciencia. Entonces, ¿cuál es la calidad del momento que vivimos? Es claro que sin hacer política de nuestras inquietudes —politizarlas— seremos incapaces de definirlas y tal vez resolverlas. Cuando la calidad de dicha politización es rupestre, devaluamos la concepción política y las mismas inquietudes: edificamos el vacío, permitimos el secuestro de la cotidianidad. Es decir, de la relación primigenia con el tiempo. ¿De cuántos temas se ha poblado la conversación pública mexicana? Todos conducen a uno solo y Palacio o su inquilino distan de ser Damasco.
Política es búsqueda por controlar lo aparentemente incontrolable, la voluntad del otro en aras de convencer sobre pronósticos. El futuro y su monopolio son la gran coincidencia entre las religiones y su evolución en creencias laicas, los artificios provechosos de Estado y democracia. Antes, fue la magia y ahora sus intenciones; predecir el tiempo desde su construcción, pertenecen a los modos políticos. A pesar del retroceso que se decanta por procesos mágicos.
Hay los esbozos de un fenómeno cultural en todo esto. Las encuestas juegan el papel de oráculos y el país entregó el monopolio del futuro a los intérpretes de la quimera. Ella monopoliza el devenir y condena las demás predicciones.
Cambió nuestra balanza y facilidad de aceptación. El buen predictor era aquel suficientemente pesimista para ganarse su lugar en los terrenos del determinismo. Hoy, apenas basta el optimismo ramplón y una sociedad satisfecha en la impermeabilidad a la razón: vamos para dos años de pandemia y no hemos entendido. Hacia la enfermedad, la única predicción útil es aquella capaz de evitar un desenlace todavía más trágico. En nuestra relación política con el tiempo ganan las verbenas.
Vemos un futuro que queremos asimilar también como pasado y presente, simultáneos. Es la repetición de cualquier esquema milenarista donde lo proverbial se oferta como la transformación de un cataclismo. Cuando la predicción no consigue realizarse, solo le queda convertirse en ideología. Felices fiestas.

@_Maruan

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