Política ambiental y peronismo – Revista Movimiento - Revista Movimiento

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Uno de los temas que no puede estar ausente en la agenda política es el ambiental. En el actual contexto vinculado al cambio climático, es necesario el planteo sobre la forma de producir, de consumir, de vivir. Desde el peronismo hay mucho para decir, sobre todo para poner en valor las acciones realizadas en un momento donde nadie hablaba del tema.
Juan Domingo Perón, además del creador de un movimiento nacional único en el mundo, fue un escritor prolífico. Curioso, analista, estudioso, excelente comunicador, actualizado, de discurso simple, motivador y pragmático. Más allá de las posiciones que ocupó a lo largo de su vida y de la distancia geográfica –no elegida– que lo separó de su pueblo, siempre mantuvo contacto con mensajes claros y contundentes, y siguió poniendo en relieve los temas estratégicos para la Argentina, como el gran estadista que fue.
“Nuestra misión no la podemos cumplir en la corta vida de un hombre. Los hombres pasan y las naciones suelen ser eternas. En consecuencia, buscando esa eternidad para nuestra patria y la perennidad para nuestro movimiento, es necesario que lo organicemos con declaraciones de principios, con doctrinas perfectamente establecidas… que nos prolongue a través de nuestros hijos, de nuestros nietos y de las demás generaciones” (Perón, Congreso General Constituyente del Partido Peronista, 1947).
 
La visualización internacional de la problemática ambiental
En 1949, la Conferencia Científica de las Naciones Unidas sobre Conservación y Utilización de los Recursos fue el primer órgano de la ONU en ocuparse del uso de los recursos naturales. En ese momento se trabajaba en regulaciones y principios orientados al desarrollo económico y social, pero sin preocuparse por su conservación. Recién en 1968 los principales órganos de las Naciones Unidas consideraron seriamente los temas ambientales, decidiendo celebrar la primera Conferencia sobre el Medio Humano. La Conferencia Científica de las Naciones Unidas en Estocolmo, Suecia, se inició el 5 de junio de 1972 y se conoció posteriormente como la Cumbre de la Tierra. Allí se adoptó una declaración que enunciaba los principios para la conservación y la mejora del medio humano y un plan de acción con recomendaciones para la acción ambiental internacional.
 
Cuatro meses antes, el Mensaje a los pueblos y gobiernos del mundo
En febrero de 1972, y al tanto de los debates en el marco internacional, Perón desde su exilio en Puerta de Hierro, España, publicó este mensaje donde cuestionó las variables críticas del desarrollo y el impacto sobre los países del Tercer Mundo, como se los llamaba en ese momento. Este es su encabezado: “Creemos que ha llegado la hora en que todos los pueblos y gobiernos del mundo cobren conciencia de la marcha suicida que la humanidad ha emprendido a través de la contaminación del medio ambiente y la biosfera, la dilapidación de los recursos naturales, el crecimiento sin freno de la población y la sobreestimación de la tecnología, y de la necesidad de invertir de inmediato la dirección de esa marcha, a través de una acción mancomunada internacional”.
En el mensaje ya hablaba de la sociedad de consumo, sistemas sociales de despilfarro masivo basados en el gasto. Destacaba la producción de bienes innecesarios o superfluos, introduciendo el concepto de obsolescencia programada: “se les asigna corta vida porque la renovación produce utilidades”.
También abordaba el problema de la sobreexplotación de los recursos naturales, de la soberanía de cada país sobre ellos. Y mencionaba la obligación de la restauración de la naturaleza y hacía notar que el crecimiento poblacional y sus demandas de bienes empujaban al sector productivo, produciendo graves impactos tanto en los sistemas sociales como en los productivos.
 
El concepto de desarrollo sostenible, en 1987
Recién 15 años después, el Informe Brundtland definió la sostenibilidad como “el desarrollo que satisface las necesidades del presente sin comprometer la habilidad de generaciones futuras de satisfacer sus propias necesidades”. Consiste en una idea de tres dimensiones: sostenibilidad ambiental, social y económica, consideradas como determinantes del crecimiento económico. El informe plantea que el desarrollo deja de ser un problema exclusivo de los países pobres. Ya no se trata de que los “pobres” sigan el camino de los “ricos”, sino que la degradación ambiental es consecuencia tanto de la pobreza como de la industrialización.
 
El mensaje del Papa Francisco, en 2015
La encíclica Laudato Si’ retoma, más de 40 años después, la cuestión ambiental como problemática social. Habla de la “Casa Común”, de tomar decisiones con la responsabilidad del destino común de la humanidad toda. Tiene muchos puntos en común con el Mensaje: sin duda lo habrá leído detenidamente. Con cuestiones geopolíticas, habla sobre “los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre” y de “una verdadera deuda ecológica” entre el Norte y el Sur. Introduce en el concepto global la situación de los migrantes, la ambición de los poderosos, y llama a moderar el consumo, limitar la extracción de recursos y maximizar la eficiencia del aprovechamiento.
 
Una revolución mental, en 1972
Perón decía en su Mensaje: “Necesitamos un hombre mentalmente nuevo en un mundo físicamente nuevo. No se puede construir una sociedad basada en el pleno desarrollo de la personalidad humana en un mundo viciado por la contaminación del ambiente, exhausto por el hambre y la sed y enloquecido por el ruido y el hacinamiento”. Es un mensaje demasiado actual. En pleno 2021 y sumergidos en la crisis mundial acentuada por la pandemia, se valora la visión estratégica de Juan Domingo Perón, que ya en 1972 planteaba como necesaria y urgente una revolución mental. Casi 50 años después, aún esperamos que las y los dirigentes de los países más industrializados intervengan en la modificación de las estructuras sociales y productivas para el surgimiento de una convivencia con valores humanitarios, solidarios, de proyectos colectivos y no de logros individuales.
Perón lo tenía muy claro. Entendió el problema a escala global. Allí está su mensaje,[1] incorporado a la doctrina peronista, siendo guía para tantos que pretendemos trabajar en ese sentido.
[1] Se puede leer el mensaje completo en el siguiente vínculo.
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