Mujeres y política - La Razón de México

Salvador Guerrero Chiprés
Muy pocos, al menos abiertamente, estarán en desacuerdo con la relevancia de erradicar la violencia contra las mujeres, reconocer la desigualdad que las afecta o pronunciarse a favor de una identidad masculina que respete, sea solidaria y defienda el acceso a derechos.
Por supuesto, las colectivas, las mujeres que no se manifiestan pero que están de acuerdo con la relocalización de la agenda de género dentro de la agenda nacional, las servidoras públicas —electas o no— que acompañan o respaldan la reivindicación de las mujeres, todas, tienen la opción de empujar un esfuerzo transformativo duradero; esto es, más trascendente que las marchas, la contención de los micromachismos en los espacios privados y públicos, o la intensa circulación en redes sociales de mensajes a favor o en promoción del debate.
Dos años de pandemia después, tres años de movimientos y movilizaciones, luego de la elección del 2018 e iniciados en enero de 2019, la convergencia de múltiple estrés en la casa y en el espacio público, cambios auténticos en actitudes de gobierno y también una que otra simulación de actoras y actores políticos, que nunca habían compartido la agenda de género, el camino hacia adelante tiene que seguir sembrado de inquietud activa y constructiva a favor de la igualdad sustantiva y por la erradicación del machismo, del cual existen expresiones ultraviolentas donde hay organismos delictivos de alta peligrosidad.
Expresiones de discriminación, hostigamiento y ansiedad, principalmente, reportadas en las atenciones que brindó el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, a mujeres de todo el país, deben seguir como objeto de combate.
Entre 2020 y lo que va del 2022, el 72% de los reportes por discriminación laboral que llegaron al Consejo Ciudadano fueron realizados por mujeres. Además, ellas reportaron el 65% de los casos de acoso u hostigamiento laboral y el 60% de despidos injustificados.
Este 9 de marzo —denominado 9M hace dos años, cuando diversos colectivos convocaron a un paro de labores de mujeres que permitiera entender su relevancia, y que entonces representó más de 40 mil millones de pesos detenidos en la economía del país—, puede ser un día para el impulso creativo y constructivo de esquemas que permitan reducir la brecha laboral.
Emplear a más mujeres no es sinónimo de equidad si ese número de trabajos no cuenta con las mismas condiciones salariales, que crezcan en su remuneración, y de tiempo destinado que el de los hombres.
Fortalecer programas como las Escuelas de Tiempo Completo, que en la Ciudad de México la Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, determinó su permanencia, representa una visión de género que amplía las posibilidades de alcanzar la igualdad. Estuve en un evento reciente donde una oradora omitió mencionar que en la capital nacional se mantenía el programa. Las mujeres también deciden qué reconocen y qué ignoran.
El debate será cada vez más político entre ellas y entre todos.
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