La política enredada - Vanguardia

En su declaración oficial durante la visita del presidente Iván Duque, Joe Biden ratificó por escrito lo que desde hace varias...
El uso de las herramientas digitales ha acercado el ejercicio de lo político a una cantidad significativa de electores y ha desatado un debate sustancial en torno a la conveniencia de ello. Sin embargo, este uso que, aparentemente daría más credibilidad a los políticos conectados a las redes sociales, generando más confianza derivada de la mayor cercanía con los electores, ha sido cuestionado en la medida en que podría ser interpretado por sus opositores como una muestra de falta de disciplina en el ejercicio de lo público, un indicador de poca gestión y una tendencia a ponderar más la imagen que las ejecuciones constatables.
Las redes sociales, Twitter especialmente, favorecieron la vinculación de nuevos públicos a la escena política poniendo a nuestra disposición varias opciones de información en escenarios multiespaciales y multitemporales, distribuyendo el poder de la información y la información del poder, desplazándola hacia los ciudadanos, promoviendo un modelo de participación cada vez más horizontal e incluyente. Hizo cotidiano lo político, lo reintegró a la cultura popular. Las redes sociales se constituyeron así, como una herramienta más de constatación que de debate.
La hiperconexión, la falta de intermediación y la viralidad de los contenidos, requieren que el usuario asuma nuevas responsabilidades democráticas y ciudadanas para evitar efectos colaterales no deseados en sociedades activas democráticamente, como la desinformación generada por la viralización de noticias falsas. Una nueva ética de la responsabilidad consecuente con una nueva democracia es imperativa y debe estructurarse a partir del reconocimiento de que la sociedad es la que modela Internet y no al contrario. Es urgente construir una ética digital que nos haga responsables, no solo de lo que decimos, escribimos, trinamos, sino de las variadísimas interpretaciones que de ello se hagan y, por otra, una ética que nos haga adoptar posiciones críticas frente a la veracidad de la información que emitimos.
De nosotros, no del sistema, depende potenciar las ventajas que, en su uso, estas herramientas nos brindan. Como dice Manuel Castells: “Hay que cambiar la política para cambiar Internet y, entonces, su uso político (...) puede revertir en un cambio de la política en sí misma”.

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