Fortalecer nuestra flaca democracia - Milenio

En la cansona discusión sobre la revocación de mandato, la fobia de ambos bandos se impone a la razón.
Para disipar las sospechas sobre la capacidad presidencial, un bando considera necesario refrendar la confianza en el voto dado en 2018. El otro replica que el presidente fue elegido y su deber es terminar el tiempo comprometido. A la confusión generada por los dimes y diretes de unos y otros (incluidos los medios que sirven de megáfono) se suma la “paradójica” incitación presidencial: acudan a las urnas y decidan si me quedo o me voy.
La revocación de mandato no es ninguna novedad o trapicheo político. La posibilidad de dejar sin efecto un mandato o resolución popular, es uno de los mecanismos de los que se vale la democracia directa para garantizar la participación ciudadana en la cosa pública, y a los que se suman el plebiscito, el referéndum y las iniciativas populares.
Estos cuatro mecanismos, como dirá el politólogo Benjamin Barber, dan madurez a la vida democrática porque promueven la autonomía para decidir, así como la autodeterminación para llevar a cabo nuestras elecciones. Madurez democrática y participación van de la mano. No existe una sin la otra.
Desde esta perspectiva, es posible conformar una democracia fuerte, misma que “descansa en la idea de una comunidad autogobernada de ciudadanos, unidos más por la educación cívica que por los intereses homogéneos. Ciudadanos ilustrados para la actividad mutua y las empresas comunitarias en virtud de sus actitudes cívicas e instituciones participativas, en lugar de por su altruismo y su bondad natural. […] Se afianza en la disputa política, el pluralismo social y la separación de la acción en los respectivos ámbitos de lo privado y lo público. […] desafía la política de élites y masas que escenifican la democracia en occidente”.
Así pues, la revocación de mandato, en el marco de la reforma constitucional, no debería entenderse como una burda y onerosa triquiñuela para mantener al presidente en campaña, sino como una oportunidad para hacer valer el mandato ciudadano: que AMLO continúe gobernando igual o peor o, por el contrario, haga sus maletas para irse más pronto a descansar a su rancho.
Usted decide.

Pablo Ayala


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