El aire de Ciudad de México supera con creces los límites que la OMS considera peligrosos para la salud - EL PAÍS México

La mala calidad del aire ha puesto en alerta a la Organización Mundial de la Salud (OMS). El organismo internacional ha dado a conocer este miércoles ajustes drásticos en los índices aceptables de los contaminantes más comunes en la atmósfera. La idea es atacar de forma más agresiva un fenómeno que está detrás de 4,2 millones de muertes prematuras cada año en todo el mundo. Es la primera vez que se actualizan los parámetros en más de 15 años. Esto supone un vuelco para México, donde los parámetros para determinar si la calidad del aire es buena ya eran, de por sí, mucho menos rigurosos y pone el foco en la capital, con niveles de contaminación que rebasan con creces las nuevas guías de la OMS. En otras palabras, lo que antes se consideraba “bueno” en el país, ya no es suficiente según las recomendaciones internacionales.
“Las normas en México son bastante laxas en comparación con las guías internacionales”, afirma Ricardo Torres, investigador del Instituto de Ciencias de la Atmósfera y Cambio Climático de la UNAM. “Cuando comparamos los parámetros en las normas nacionales con los de la OMS, estamos reprobados”, agrega.
Desde el año pasado México cambió la forma de reportar la contaminación y lanzó el Índice Aire y Salud para crear un criterio único en todo el país e incluir también los riesgos sanitarios en la nueva escala. El indicador tiene cinco categorías sobre la calidad del aire: buena, aceptable, mala, muy mala y extremadamente mala. Cada categoría tiene un nivel de riesgo asociado: entre peor sea el aire que respiran los habitantes, más graves son las implicaciones potenciales para su salud. Por ejemplo, cuando la calidad del aire es extremadamente mala, los riesgos sanitarios son extremadamente altos. Los parámetros están en la norma oficial mexicana 172 de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales: los valores aceptables se determinan en otras normas nacionales sobre concentraciones para cada contaminante y el intervalo bueno por lo que decía la OMS en 2005.
Los nuevos estándares de la OMS se endurecen en lo que concierne a partículas en suspensión de menos de 10 micras de diámetro (PM₁₀), a partículas de menos de 2,5 micras (PM₂,₅) y el ozono (O₃), entre otros. La mayor reducción se dio en cuanto a dióxido de nitrógeno, bajando cuatro veces el umbral tolerable: de 40 microgramos por metro cúbico a 10. “Esto tiene mucho impacto, sobre todo para Ciudad de México”, dice Bernardo Bolaños, profesor de Derecho Ambiental de la Universidad Autónoma metropolitana. “Hay una revolución en cuanto al dióxido de nitrógeno, que viene sobre todo de los coches y las implicaciones que esto tiene para la reconversión del parque vehicular”, apunta Bolaños.
Ahora que los umbrales de referencia internacional son más restrictivos, la brecha con los nacionales se hace aún más amplia y las señales de alerta de los científicos, mayores. “Creo que esto va a causar cierto escozor en el Gobierno de México porque vamos a estar cada vez más lejos de lo que recomienda la OMS”, dice. Torres apunta que los contaminantes de mayor interés para Ciudad de México, con un problema crónico de polución atmosférica, son el ozono y las partículas PM₂,₅ y PM₁₀.
El caso de las partículas, que pueden adentrarse a los pulmones y al torrente sanguíneo causando problemas respiratorios y cardiovasculares, es un botón de muestra del contraste entre lo que es recomendable dentro y fuera del país. Para las PM2,5, la OMS reduce el margen de lo aceptable de 10 microgramos por metro cúbico a cinco durante un año. En Ciudad de México, por ejemplo, el promedio de 2020 fue de 18,8 microgramos por metro cúbico, más de tres veces más de lo que ahora se considera deseable. Con respecto a exposiciones de corto plazo, la norma nacional considera buena la calidad de aire si la media de partículas de 2,5 micras durante las últimas 24 horas no supera los 45 microgramos por metro cúbico, mientras que la nueva guía de la OMS marca 15 microgramos por metro cúbico. Esto es tres veces más de tolerancia.
Para las PM₁₀, el nuevo umbral recomendado pasa de un promedio anual 20 microgramos por metro cúbico a 15. La capital tuvo 37,7 microgramos por metro cúbico como media el año pasado, más del doble de lo que ahora se considera saludable según la OMS. La norma nacional, en contraste, establece que la calidad del aire es buena si no se rebasan los 75 microgramos por metro cúbico en promedio durante las últimas 24 horas, comparado con la guía de la OMS que marca los 45 microgramos por metro cúbico.
En el caso del ozono, la norma mexicana tolera un equivalente de 137,2 microgramos por metro cúbico cuando se evalúa el promedio medido de este contaminante en ocho horas continuas. Los nuevos parámetros de la OMS consideran riesgosos los niveles de ese contaminante, un importante factor de morbilidad y mortalidad por asma, por encima de los 60 microgramos por metro cúbico durante la temporada de ozono. Esto quiere decir, señala Torres, que la norma equivalente para ozono en México está ahora más de dos veces arriba de lo aceptable.
El investigador explica que la principal justificación de las autoridades mexicanas para mantener una regulación tan laxa es que no existen las condiciones económicas para adoptar normas más estrictas. Torres dice que la vuelta de tuerca es positiva, pero aclara que el organismo de Naciones Unidas solo puede proponer guías para los países y no tiene la autoridad para obligar a que se cumplan. “Veo muy difícil que las autoridades vayan a hacer cambios drásticos”, advierte el especialista.
Los nuevos parámetros internacionales no cambian el fondo del problema. “Le estamos diciendo a la población que la situación está muy mal, pero eso en sí no cambia la calidad del aire”, dice Torres. La contaminación atmosférica, el mayor riesgo sanitario asociado al medio ambiente, sigue siendo igual de mala en términos absolutos. “Ha habido un retroceso en la política ambiental de Ciudad de México en los últimos años”, asegura Bolaños.
Con todo, los límites laxos de las normas mexicanas permiten a las autoridades seguir sumando “días limpios”, contados según los criterios nacionales. El sitio de la Secretaría de Medio Ambiente de Ciudad de México reporta que de 264 días que van de 2021, la capital acumula 144 “días limpios” en lo que respecta a ozono, 199 en lo que toca a partículas de 10 micras y 258 de partículas de 2,5 micras. Y solo se han activado tres contingencias ambientales fase 1 en lo que va de año. “Se requiere hacer más para llegar a cumplir con estas recomendaciones”, sentencia Torres.
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Es reportero en México de EL PAÍS. Se especializa en reportajes en profundidad sobre temas sociales, política internacional y periodismo de investigación. Es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el Instituto Tecnológico Autónomo de México y es máster por la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS.
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