Cuando la falta de ética política nutre el neofascismo - El Desconcierto

Angustia y temor hay en las fuerzas democráticas chilenas frente a la posibilidad de que gane la Presidencia de la República un candidato neofascista, admirador de Augusto Pinochet y amigo de violadores a los derechos humanos, a quienes visita en el Penal de Punta Peuco. Su padre era nazi. Los factores son numerosos, fundamentalmente socioeconómicos, como la extrema desigualdad, que no abordaremos aquí. También hay otros, como la falta de ética política de quienes nos han gobernado desde el fin de la dictadura y eso genera desafección, abstencionismo, debido a la falta de credibilidad. De ello se aprovecha el neofascismo para avanzar.
La ética pública y política es un hacer colectivo, un proceso en el que la colectividad y los individuos van generando aquellas pautas de conducta y aquel carácter que permiten un mejor desarrollo de la convivencia y una mayor expansión de la autonomía y libertad del ser humano. Lo anterior legitima los gobiernos.
Los casos más bullados de escándalos recientemente son los que involucran al actual Presidente de la República Sebastián Piñera y los abultados sueldos de la candidata a senadora Karina Oliva, condenada oportunamente por Gabriel Boric. No todos lo han hecho. Piñera y Oliva arguyeron que sus acciones eran legales. La justicia lo dirá, pero no todo lo que es legal es ético. El derecho condena a quien mata a alguien. La ética a quien piensa matarlo. Ojalá la crucial encrucijada que vive Chile permita reflexionar sobre el comportamiento de nuestros actores políticos.
Aristóteles, el primer pensador que se refirió a la ética, la conceptualizó diciendo que “tanto la virtud como el vicio están en nuestro poder. En efecto, siempre que está en nuestro poder el hacer, lo está también el no hacer, y siempre que está en nuestro poder el no, lo está el sí, de modo que si está en nuestro poder el obrar cuando es bello, lo estará también cuando es vergonzoso, y si está en nuestro poder el no obrar cuando es bello, lo estará, asimismo, para no obrar cuando es vergonzoso”.
El teólogo católico Hans Kung afirma que desde antaño los estudiosos de la ética en relación con la política han coincidido en la necesidad de que ésta se acompañe de la ética. Cuando se carece de ética en política para gobernar se utilizan todos los medios incluidos “los inmorales como la mentira, el engaño, la traición, el asesinato político y la guerra. Ni la diplomacia, ni los servicios secretos ni la policía están por encima de la moral”.
Los griegos en la antigüedad consideraban que la vida política era un género acompañado de educación y que sólo unos cuantos seres podían tener acceso. También se afirmaba que cuando un hombre aprende a vivir políticamente se vuelve dueño y señor de su conducta y, en consecuencia, actúa siempre en razón del bien común y a ello dedica su vida. La vida política es por tanto un género acompañado de la educación.
Así, políticos que han cometido delitos se pasean por los canales de televisión, el medio de mayor penetración, como si nada hubiera ocurrido y grandes medios hacen su negocio informativo en base al sensacionalismo como si nada.
Es hora que en nuestro país se hable de ética antes de que el neofascismo siga avanzando y cope los poderes del Estado. Ejercer el arte tan difícil y tan noble que es la política requiere ejercitarse con olvido del propio interés. Se necesita luchar con integridad moral y con prudencia contra la injusticia y la opresión, contra la intolerancia y el absolutismo de un sólo hombre o de un sólo partido político, es decir, al servicio de todos. Eso esperan muchos chilenos: sinceridad, rectitud al servicio de todos.

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